Epifanía

Siempre se ha preguntado de donde sale la gente que ve en los aeropuertos, gente extraña, de mal humor, gente disfrazada, siempre de prisa, gente que nunca ve en la calle. Le gusta observarlos, sentarse a ver como se rebuscan en los bolsillos por el tiquete de abordaje mientras hacen malabares para no soltar sus maletas ni sus bolsas llenas de regalos.

Esta vez no sería distinto; mientras se comía unas media lunas, observaba a una pareja de ancianos preguntar por la hora exacta para abordar, a la vieja gótica sentada sola en una esquina, al grupo de chicos empujándose y bromeando, seguramente emocionados por lo que les depararía su aventura lejos de casa. Los miraba a todos con cierta curiosidad, los observaba con detenimiento, como un pasatiempo inofensivo, trataba de imaginar sus historias. La señora de gorra, sandalias y uñas rosadas seguramente regresaba a su ciudad natal después de muchos años, los ancianos viajaban a visitar de sorpresa a su hija que estudia en la universidad, la gótica podría haberse volado de casa. Por la tercera medialuna buscó con su mirada en el pasillo más personajes para continuar con su estúpido pasatiempo y lo que encontró fue exactamente lo que hace de esta historia digna de contarse.

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By mateofiero

Apenas la cubría un corto vestido gris que caía libremente sobre su cuerpo recorriendo de manera sutil unas curvas que poco tenían de sutiles. Su pelo muy negro iba recogido en un moño atrás de su cabeza de tal manera que ponía en evidencia un cuello largo no apto para los débiles de corazón. Sus piernas de un dorado perfecto estaban descubiertas hasta donde empezaban las botas de cuero arrugado color café y sus ojos grandes, de una oscuridad infinita, hacían juego con sus labios rosados y pequeños. Rápidamente calculó que las firmes nalgas de esa pesadilla estarían a casi una yarda del piso.

Se sentó a unas dos filas de donde él se encontraba con la camisa y el pantalón lleno de migas de media luna. Parqueó su maleta de rodachines cerca a la silla y mientras trataba inútilmente de sentarse sin que se revelara el misterio de lo que llevaba abajo del vestido que claramente nunca estuvo diseñado para eventualidades como esa, él se apresuró a ver en la pantalla cuantos vuelos aparte del suyo saldrían por esa puerta. Cuatro, veinte por ciento de probabilidad de compartir destinos, veinte por ciento hasta darse cuenta que el vuelo hacia Lima saldría 5 horas más tarde. ¡Já! Acababa de aumentar en un cinco por ciento la probabilidad de… de… ¿de qué? ¿Qué iba a hacer si ese delicioso coctel de feromonas se subía a su avión?, era una pregunta difícil para alguien poco y me atrevería a decir que nada hábil en lidiar con en este tipo de situaciones.

Luego de darle algunas breves vueltas al asunto, llegó a una simple conclusión. Solo fuerzas más allá de su comprensión serían capaces de elaborar tal situación así como su desenlace, y su misión era entonces actuar a la altura de las circunstancias. Un Perseo post-moderno, esperando enfrentar la siguiente prueba del infiel Zeus o la despiadada Hera para poder posarse en el lugar en el que solo un héroe temerario podría posarse, entre las piernas de Andrómeda.

Ella extrañamente parecía ignorar todo esto, estaba tan ocupada revisando sus papeles que no lograba entender la magnitud de los eventos de los cuales era protagonista. Él buscaba pistas acerca de su vuelo y minutos antes de la primera llamada encontró lo que buscaba, en la mano izquierda de Andrómeda reposaba el rectángulo vino-tinto de letricas doradas que caracteriza al típico pasaporte Colombiano. Entonces lo sobrevino una epifanía y pudo ver claramente como se desarrollarían las cosas, supo exactamente lo que pasaría de ahí en adelante y lo que debía hacer, le fue otorgado el don de la clarividencia, ¡gracias oh gran Zeus!

Andrómeda se levantaría, tomaría su maleta, la rodaría un par de metros en busca de la fila para abordar, él se levantaría segundos después, se acercaría lo suficiente para poderla ayudar en el momento en que una de sus ruedas se desprendiera y rodara en dirección opuesta al counter. Él siendo el héroe que debía personificar, cargaría la maleta, ella le sonreiría y se lo agradecería, le diría lo emocionada que está de regresar a Bogotá, él le preguntaría hace cuanto no visitaba la ciudad, ella le diría que hace 2 años y le devolvería la pregunta, él le diría que solo viajó por trabajo un par de días pero que ya estaba de regreso, ella le preguntaría sobre su trabajo, él le diría que no fue un buen viaje, ella vacilaría un instante en decirle que no sacara conclusiones apresuradas, ambos dejarían asomar una pequeña sonrisa. La señorita del caunter les pediría sus pasaportes, él buscaría el suyo que en ese mismo instante una señora gorda encontraría bajo la cómoda de la habitación 326 del hotel Provincial en el corazón de San Telmo, a noventa kilómetros del aeropuerto. La hermosa Andrómeda con su vestido gris le preguntaría -qué pasa-, y él solo acertaría a balbucear, -odio a los dioses-.

Rossina is Aliveeee!

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Jugando con pintura (paint)

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Foto por mixdoctor

Para alcanzar una galletica

Agúzate! Agúzate!

No le tenga miedo a los efectos, al resultado aleatorio de mariposas en diversas latitudes. Solo las causas son camino. Solo el causador es caminante y le da sentido al caminar.

[compOsizioni]

Hablé con Alicia hoy a mediodía y me contó. Mi celular… no sé que putas le pasa pero no he podido llamarlo. Igual, en las letras me siento seguro -solo con refugios, con los demás es imposible no sentir el ojo inquisidor que transgrede mi débil coartada- y siento que mi aliento fraterno lo alcanza. Se me antoja pensar que no ha cambiado nada. Lo que sucedió era una opción y aún no sabemos en qué terminará. Acaba de coger con las manos un puñado de arena que se esfumó, la próxima vez encontrará una pala y la siguiente un balde. En cualquier caso, si considera que mi mano -aunque también la dejará fluir- es necesaria, tan solo señáleme por dónde comenzar.

No es el fin… solo un comienzo más. Ojalá NUNCA se le acaben los comienzos! Le deseo, como siempre se lo he dicho, muchas caídas que le recuerden lo gratificante que es levantarse con la frente cruenta de esfuerzo y de piel agitada!!!

Agúzate!

La mano hermana y el refugio perenne

Autor invitado: Daniel Ospina

Costumbres de ciertas famas No 3

síncope ventricular

Se abren las puertas del Transmilenio en la estación de la avenida Jimenez, se sube un perro. El perro deambula hasta el final del bus, espera dos estaciones y finalmente se baja en la calle 22. Alicia al verlo bajar, piensa que le habría ido mejor si hubiera tomado la ruta D70 que solo para una vez.

Alicia va caminando y ve una moneda en el piso. Recuerda a su abuela diciéndole que es buena suerte encontrarse una moneda, solo si el lado del sello está hacia arriba. Se agacha y observa la moneda, está del lado de la cara. Permanece inmóvil por unos segundos, le da la vuelta a la moneda, la deja en el mismo lugar y sigue su camino.

Eran las 9:30 y llovía afuera, él miraba a Alicia recostada sobre su pecho, ella le devolvía la mirada. Ambos pensaban que podrían pasar así el resto de sus vidas. Alicia recuerda esta escena y siente como su pecho se recoge, esa fué la última vez que se vieron.

Porque Siu

Cuando las cosas pierden importancia pierden peso
cuando pierden peso flotan
cuando flotan dejan de ocupar un lugar en la tierra
cuando dejan de ocupar un lugar dejan una silla vacía

Esa mañana cuando desperté me tropecé con una silla
y recordé que su ausencia había dejado esa silla
Entonces entendí porqué dolía
las sillas están quietas pero uno puede tropezar con ellas, como las ausencias
las ausencias están quietas pero duelen, como las sillas

Costumbres de ciertas famas No.2

Escena recurrente

Dos hombres esperan una señal del otro lado de la puerta para indicarle que debe salir. Mientras los observa vestidos en la etiqueta ceremonial que usan los guardias en esas ocasiones, se pregunta si vale la pena que hagan tanto alboroto por él. Está nervioso, su pierna izquierda se mueve sin su consentimiento, repasa una y otra vez lo que va decir mientras da vueltas alrededor de su tienda. Hace frio, se distrae por unos instantes viendo el aire caliente salir de su boca en forma de vapor, las telas que lo cubren lo mantiene abrigado, piensa en su pueblo afuera soportando el mismo frio sin tanta comodidad. Puede oírlos desde allí, clamando por su presencia, el pánico se apodera de su mente, piensa que fallará como líder, que es solo un hombre, como cualquiera de los de afuera, ¿qué le da derecho a ocupar la silla que lo espera?, ¿acaso las batallas libradas y ganadas son solamente mérito suyo? Su corazón se debilita, siente un escalofrío y el sudor se apodera de su frente, de sus palmas, qué diablos hace ahí.

Un rayo de luz se abre paso por una ventana, el sol ya escaló el horizonte y ahora se yergue orgulloso y expectante. Al ver esto sabe que se acerca el momento, su momento. Debe demostrarle a la gente seguridad y convicción, pero ambas lo han abandonado, no sabe si logrará lo que se espera de él. Lo único que lo acompaña es el deseo de intentarlo, y ese deseo poco a poco empieza a dominar el pánico. Oye ruidos afuera, los guardias abren y hablan con alguien que no se alcanza a ver del otro lado de la puerta. Es hora.

Mientras camina hacia la plataforma acompañado de los guardias, los gritos y voces de la gente se encumbran hasta confluir en un solo sonido. Levanta las manos, saluda y pide silencio, mientras las voces se apagan poco a poco, todas sus dudas se disipan…

La bañera

bañera

Con una bolsa que contiene jabones, esencias, gel de ducha y una hoja de afeitar, entra Alicia al cuarto de baño. Cierra la puerta y luego de ponerle seguro se sienta junto a la bañera y abre la bolsa. Observa minuciosamente las etiquetas de los productos contenidos en ella y va colocando en el banco de madera los que a su juicio harán mejor el trabajo.

Se saca primero la camisa, la tira al piso y con su pie desnudo la empuja contra la esquina de la habitación en donde también van a parar sus jeans y sus bragas. Gira la canilla de la izquierda y por unos instantes sostiene su mano bajo el agua que empieza a caer, luego gira un poco la de la derecha y vuelve a posar su mano bajo el agua, repite esta danza un par de veces hasta sentirse satisfecha con la temperatura. Pone el tapón y el sonido del agua estrellándose contra las paredes de la bañera se apodera del silencio. Recoge su pelo hasta formar un moño sobre su cabeza y lo asegura con una banda de hule que rodeaba su muñeca izquierda.

Alicia se encuentra desnuda, mirando fijamente el reflejo de su cuerpo en el espejo se pregunta porque los hombres la miran tanto cuando camina por la calle. Pocoa poco el vapor lo nubla todo, ya no puede distinguirse en el espejo. Cierra por completo la canilla, vacía el gel y las esencias sobre el agua y desenvuelve la hoja de afeitar. Poco a poco sumerge su cuerpo dentro de la bañera hasta quedar recostada con el agua hasta el cuello y la cabeza descansada contra el borde.

Cierra los ojos, los músculos de su cuerpo se aflojan y se relajan. Los pensamientos en su cabeza se dispersan lentamente hasta que solo queda una idea fija. Finalmente cobra conciencia de lo que tanto la atormenta, es precisamente eso, la capacidad de ser consciente, ser capaz de reconocerse en el espejo, de saber que como usted ahora, ella también lee y sabe que está leyendo, ser capaz de hacerse preguntas, tomar decisiones y justificarlas. Su tristeza se amplifica, siente el agudo rasgar y el escozor, la segunda vez es más fácil. Su tristeza disminuye cuando piensa que su último acto consiente la está haciendo perder por siempre la conciencia.