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Gota a gota

Lima y Alicia están sentados frente a frente. Lima inclinado hacia adelante con los codos apoyados en las piernas y su mano izquierda sosteniendo débilmente su derecha. Alicia apoyada hacia atrás de la silla, sus brazos cruzados bajo sus senos protegiendo su abdomen, como quien se abraza para protegerse del frío. Llevan siglos allí, sus cuerpos apenas se mueven con el reflejo inconsciente de su respiración, parecen mirarse pero sus cuerpos translúcidos lo impiden, se miran pero no se ven ahí, en ese momento, ven otra realidad, otro tiempo, miran como buscando algo, probablemente algo que les permita escapar, escaparse de él, de ella, escaparse juntos.

Los ojos de Alicia ceden y buscan los de Lima. Estos responden la encuesta con la mirada transparente, con ojos de ciego que reacciona a un sonido. Alicia aprieta los párpados y un hilo de lágrimas empieza a brotar, cada vez más profusamente. Lima observa la escena y piensa en un recipiente que gota a gota vacía su contenido. Alicia se reclina hacia adelante, el primer movimiento considerable en esa eternidad.

Sus lágrimas caen ahora directamente al suelo, el cuerpo de Alicia convulsiona lentamente y con cada convulsión su respiración se agita y sus pulmones se ahogan en un ataque de llanto. Lima solo atina a observar las gotas, una, dos, cien, las analiza detalladamente, su forma, el contraste con la luz, la velocidad a la que caen, el efecto que producen el golpear el suelo, el charco amorfo que se expande por las baldosas.

Lima piensa en hacer algo, algo que detenga la efusión. Sabe que puede acercarse, tocarla, posar su mano en el lugar de la fuga. Piensa en hacerlo, se ve a sí mismo haciéndolo, pero su cuerpo no se mueve. Pasa otro siglo, cien, doscientas, quinientas. El charco se expande y llega hasta la punta de su zapato que permanece inmóvil. El llanto cesa. El cuerpo de ella se incorpora y sus ojos hinchados buscan de nuevo los de él. Lima la mira, la busca en su mirada y no la ve. Solo ve un receptáculo vacío. Entonces mira al piso y encuentra a Alicia derramada alrededor de su zapato.

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2 Responses

  1. En uno de esos siglos perdidos en el tiempo se quebraron las ilusiones de Lima, cosa de la que Alicia no se percató.
    Cuando las ilusiones se quiebran hacen un ruido sordo, sin eco y te dan el privilegio de ver mejor y más claramente, con la mirada transparente. Por eso ya no ve más allá del vacío que le concede la desnudez del alma.
    Que lástima que las cosas lleguen tarde, que el cariño tenga la maña de dormir de más y reitero mi teoría de que el universo en verdad tiene que conspirar.

  2. Creo sentir ese tufillo perene en sus siempre cercanas letras. Creo que nunca dejaremos algunos vicios, sobre todo si de fondo hay una banda de jazz o se encuentra poesía en medio de trancones y la gente no corta esa sucia costumbre de tragar conejos.

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